En este artículo
Respuesta breve: la ansiedad no tiene una única causa. Aparece por la combinación de una predisposición biológica, experiencias vividas (pérdidas, traumas, una infancia insegura), estrés sostenido en el tiempo y, sobre todo, conflictos internos que no han encontrado palabras. Por eso dos personas ante la misma situación pueden reaccionar de forma muy distinta: lo que dispara la ansiedad no es solo lo que ocurre, sino lo que eso toca en cada uno.
Es una de las preguntas que más escucho en consulta: "¿Por qué me pasa esto, si en mi vida no hay nada tan grave?". La pregunta es justa. Y la respuesta casi nunca está donde la persona la busca.
Una causa no basta: la ansiedad es multifactorial
La Organización Mundial de la Salud estima que un 5,8 % de la población mundial sufre un trastorno de ansiedad, unos 470 millones de personas, y señala que estos trastornos resultan de una interacción compleja de factores sociales, psicológicos y biológicos. Ninguno de ellos, por sí solo, explica por qué una persona concreta desarrolla ansiedad.
Para entenderlo ayuda distinguir tres planos:
- Lo que predispone: la herencia, el temperamento, la historia temprana.
- Lo que desencadena: una pérdida, un cambio, una crisis, una exigencia nueva.
- Lo que mantiene: la evitación, la anticipación constante, un conflicto que sigue activo aunque no se vea.
La mayoría de los tratamientos se centran en el tercer plano. Es útil, pero si no se toca lo que hay debajo, la ansiedad suele volver con otra forma.
Factores biológicos y genéticos
Hay personas con un sistema nervioso más reactivo: se sobresaltan antes, les cuesta más volver a la calma y viven las sensaciones corporales con más intensidad. Los estudios con gemelos indican que la herencia explica aproximadamente un tercio del riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad. Es un peso real, pero también significa que la mayor parte del riesgo depende de otras cosas.
Heredar una sensibilidad no es heredar un destino. Lo que se transmite es una manera de reaccionar, no el contenido de los miedos.
Causas médicas que conviene descartar
Antes de atribuirlo todo a lo psicológico, es prudente que el médico de cabecera descarte causas físicas que pueden producir síntomas parecidos a la ansiedad:
- Alteraciones del tiroides (especialmente el hipertiroidismo).
- Arritmias u otros problemas cardíacos.
- Consumo elevado de cafeína, estimulantes u otras sustancias, o su retirada.
- Efectos secundarios de algunos medicamentos.
Si la exploración médica es normal y la ansiedad persiste, el camino está en otro lugar.
Experiencias traumáticas y heridas tempranas
La OMS señala que las personas que han vivido abusos, pérdidas graves u otras experiencias adversas tienen más probabilidades de desarrollar un trastorno de ansiedad. No hace falta que haya un gran acontecimiento: también dejan huella una infancia en la que no había seguridad, un entorno donde no se podía expresar el miedo o el enfado, o padres que vivían ellos mismos desbordados por la angustia.
Lo que no pudo elaborarse en su momento no desaparece. Queda inscrito y vuelve a activarse cuando algo en el presente se parece, aunque sea de lejos, a aquello. Por eso a veces la ansiedad aparece en el momento más inesperado: un ascenso, una boda, el nacimiento de un hijo, una mudanza. No es el acontecimiento lo que angustia, sino lo que remueve.
Lo que no se dice con palabras, el cuerpo lo expresa con síntomas.
El estrés crónico como detonante
El estrés es una respuesta normal ante una exigencia. Se convierte en problema cuando no hay pausa: cuidar de un familiar enfermo, una situación económica difícil, un trabajo sin límites, una relación de pareja en conflicto permanente. El organismo se mantiene en alerta tanto tiempo que acaba funcionando así incluso cuando la amenaza ya no está.
En este punto muchas personas consultan por síntomas físicos: palpitaciones, presión en el pecho, falta de aire o insomnio. El cuerpo está avisando de algo que la persona lleva tiempo sin poder atender.
La mirada psicoanalítica: la ansiedad como señal
Freud, en Inhibición, síntoma y angustia (1926), propuso una idea que sigue siendo clínicamente muy útil: la angustia es una señal. Avisa de un peligro, pero muchas veces ese peligro no está fuera, sino dentro: un deseo que entra en conflicto con lo que uno se exige, un enfado que no se puede expresar, una decisión que no se quiere ver, una pérdida que no se ha llorado.
Desde esta perspectiva, la ansiedad no es un fallo del sistema, sino un mensaje. Algunas formas frecuentes en las que aparece este conflicto:
- Exigencia excesiva: vivir con la sensación de que nunca es suficiente y de que cualquier error será imperdonable.
- Deseos contradictorios: querer y no querer a la vez (una relación, un trabajo, un cambio de vida) sin poder decidir.
- Enfado reprimido: personas muy complacientes que nunca se permiten decir que no y cuya ansiedad aumenta precisamente cuando deberían poner un límite.
- Separaciones y pérdidas: la angustia ante la posibilidad de perder a alguien o de quedarse solo.
- Repetición: volver a encontrarse, una y otra vez, en situaciones que reproducen una historia antigua.
Por eso en nuestro enfoque no buscamos únicamente que el síntoma desaparezca, sino entender qué está diciendo. Cuando el conflicto puede ponerse en palabras, la ansiedad pierde buena parte de su razón de ser.
Lo que mantiene la ansiedad
Una vez instalada, la ansiedad tiende a sostenerse sola. Los mecanismos más habituales son:
- La evitación. Se deja de ir a los sitios o de hacer cosas que provocan ansiedad. Alivia a corto plazo, pero el mundo se va haciendo más pequeño.
- El miedo al miedo. La persona empieza a temer las propias sensaciones, y esa vigilancia constante las provoca. Es el núcleo de muchas crisis de pánico.
- La anticipación. Vivir pendiente de lo que podría pasar impide estar en lo que pasa.
- Las soluciones que no tocan la causa. Tranquilizantes tomados sin seguimiento, distracciones permanentes o el consumo de alcohol pueden calmar un momento y cronificar el problema.
¿Se puede prevenir la ansiedad?
No siempre, y conviene decirlo con honestidad. Pero sí se puede reducir el riesgo de que se cronifique:
- Escuchar las primeras señales en lugar de normalizarlas durante años.
- Dar lugar a lo que se siente: hablar de ello con alguien de confianza, no solo "aguantar".
- Cuidar los ritmos básicos: sueño, descanso, pausas reales en el trabajo.
- Revisar las exigencias que uno se impone y de dónde vienen.
- Consultar pronto. Cuanto antes se aborda, menos se generaliza.
Cuándo pedir ayuda profesional
Es momento de consultar cuando la ansiedad:
- Dura semanas o meses y no cede.
- Te hace evitar lugares, personas o actividades.
- Afecta al trabajo, al sueño o a las relaciones.
- Aparece en forma de crisis intensas o síntomas físicos repetidos.
- Te lleva a depender de medicación, alcohol u otras sustancias para funcionar.
Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, no esperes: llama al 024 (línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas) o al 112 en caso de urgencia.
Cómo trabajamos la ansiedad en la clínica
Atiendo la ansiedad desde la psicoterapia psicoanalítica desde 1993, de forma presencial en Canet de Mar (Maresme) y online para toda España. La primera consulta sirve para escuchar tu historia, situar qué tipo de ansiedad estás viviendo y qué la sostiene, y valorar juntos si este espacio es el adecuado para ti.
Si quieres saber más, puedes leer qué es la ansiedad y por qué se produce o conocer cómo tratamos la ansiedad.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la causa principal de la ansiedad?
No hay una causa única. La ansiedad surge de la combinación de una predisposición biológica, experiencias vividas como pérdidas o traumas, estrés mantenido en el tiempo y conflictos internos que no se han podido expresar. Lo que la dispara no es solo lo que ocurre, sino lo que eso remueve en cada persona.
¿La ansiedad es hereditaria?
En parte. Los estudios con gemelos indican que la herencia explica aproximadamente un tercio del riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad. Se hereda una sensibilidad del sistema nervioso, no un destino: la mayor parte del riesgo depende de la historia personal y de las circunstancias.
¿Por qué tengo ansiedad si no me pasa nada grave?
Porque la ansiedad no siempre responde a un peligro externo. Desde el psicoanálisis se entiende como una señal de un conflicto interno: una exigencia excesiva, un enfado que no se expresa, una decisión que se evita o una pérdida que no se ha elaborado. Por eso puede aparecer incluso en momentos aparentemente buenos.
¿Un trauma puede causar ansiedad años después?
Sí. Las experiencias que no pudieron elaborarse en su momento quedan inscritas y pueden reactivarse cuando una situación actual se parece, aunque sea de lejos, a lo vivido. La OMS señala que las personas que han sufrido abusos, pérdidas graves u otras experiencias adversas tienen más probabilidades de desarrollar ansiedad.
¿Qué enfermedades físicas pueden parecer ansiedad?
Algunas alteraciones del tiroides, arritmias cardíacas, el consumo elevado de cafeína o estimulantes y ciertos medicamentos pueden producir síntomas similares. Por eso conviene que el médico de cabecera las descarte antes de iniciar un tratamiento psicológico.
¿Se puede tratar la ansiedad con terapia online?
Sí. La terapia online permite el mismo trabajo clínico que la presencial siempre que se mantenga un encuadre estable. En la Clínica de la Ansiedad Catalunya ofrecemos terapia online para toda España desde hace más de 25 años, además de consulta presencial en Canet de Mar (Maresme).
Escrito y revisado por Joan Ramon Soto, psicoanalista / psicoterapeuta colegiado en el COPC (nº 3852), con consulta en Canet de Mar y terapia online para toda España. Última revisión: 27 de octubre de 2026. Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional.

Psicoanalista / Psicoterapeuta
Joan Ramon Soto
“Acompaño a las personas en el proceso de descifrar el mensaje oculto tras sus síntomas, transformando la ansiedad en una vía hacia el autoconocimiento.”
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